Casi nunca se anuncia. Su madre dice «¿cómo?» un poco más a menudo por teléfono. La televisión sube unos puntos, y luego unos cuantos más. En una videollamada sonríe y asiente en los momentos correctos, pero responde algo ligeramente distinto de lo que usted preguntó. Y después, sin decir nada, deja de coger el teléfono cuando usted llama a media tarde, porque a esa hora está la radio en la cocina y dos sonidos a la vez son uno de más.
Lo que suele pasarse por alto es el esfuerzo. Seguir una conversación que solo se oye a medias cansa de verdad —una hora así puede dejar a alguien agotado—, así que la respuesta razonable es hacerlo menos. Menos llamadas. La radio apagada. La televisión con subtítulos y el volumen bajo. Parece que se está retirando. Casi siempre es simple economía de esfuerzo.
Casi todo lo que ayuda no cuesta nada y cabe en una tarde.
Empiece por el sonido que hace realmente el ordenador
Antes que nada, compruebe que el problema no sea la propia máquina. Muy a menudo lo es.
- Mire el volumen en dos sitios, no en uno. Está el volumen general y está el nivel de cada aplicación: un programa de videollamada puede estar bajado del todo por su cuenta mientras lo demás suena bien. El mezclador de volumen de Windows muestra ambos juntos.
- Los altavoces pequeños son el culpable habitual. Los de un portátil son diminutos y apuntan hacia abajo o hacia atrás. Unos altavoces amplificados baratos, o un altavoz pequeño puesto delante de la pantalla en vez de detrás, suelen cambiar más las cosas que cualquier ajuste.
- Desactive las «mejoras» de sonido. Algunos controladores añaden de fábrica refuerzo de graves o sonido envolvente, y eso enturbia el habla. Sencillo y plano se entiende mejor.
- Pruebe el sonido mono. Si un oído oye bastante mejor que el otro, Windows puede juntar los dos canales para que no se pierda nada por el lado débil. Está en las opciones de accesibilidad, en audio, y es un solo interruptor.
Que el habla destaque
Volumen y claridad no son lo mismo. Un revoltijo alto sigue siendo un revoltijo.
- Auriculares, si se aceptan. El habla directa al oído, sin el ruido de la habitación, se entiende mucho mejor que un altavoz al otro lado de la mesa. Los de diadema suelen manejarse mejor que los pequeños de botón, y son más fáciles de encontrar cuando se dejan en cualquier sitio.
- Primero calle la habitación. El extractor, la radio, la televisión de al lado. El ruido de fondo cuesta mucho más filtrarlo que antes, y apagar una cosa puede hacer más que subir otra.
- Póngase de frente. Casi todo el mundo lee los labios mucho más de lo que cree. En una videollamada, una cara bien iluminada que ocupe buena parte de la pantalla hace un trabajo real: vea las videollamadas para un padre o una madre para la instalación práctica.
- Pida que hablen más despacio, no más alto. Gritar distorsiona. Un ritmo algo más lento, una pausa corta entre frases y una sola persona hablando a la vez ganan siempre al volumen.
Poner las palabras en pantalla
Los subtítulos se han convertido, sin ruido, en una de las cosas más útiles del ordenador.
- Windows 11 trae subtítulos en directo. Muestra una banda de subtítulos para casi cualquier sonido que reproduzca la máquina —un vídeo, una llamada, un informativo— y es gratis. No es perfecto: se pierde con acentos marcados y cuando varias personas hablan a la vez, pero rellena huecos en lugar de sustituir al oído.
- Subtítulos en las plataformas y en la televisión a la carta. Casi todas los llevan; suele ser un pequeño icono de bocadillo en el reproductor.
- Subtítulos en las videollamadas. Varias aplicaciones pueden subtitular en directo durante la llamada. Merece la pena activarlos una vez, juntos, para que ya estén ahí el día que hagan falta.
Dos cosas conviene decirlas con honestidad: los subtítulos van un poco por detrás del habla y se equivocan con los nombres y las palabras raras. Aun así convierten «he pillado más o menos la mitad» en «lo he seguido entero», que es la diferencia que importa.
Ordenar los sonidos que deberían ser avisos
Un ordenador que pita, tintinea y suena constantemente es un ordenador que se acaba ignorando: esos sonidos llegan como ruido de fondo y no como información.
- Reduzca el número de sonidos a los dos o tres que de verdad significan algo.
- Pida también un aviso visual. Windows puede hacer parpadear la pantalla o la ventana en lugar de un sonido, o además de él, para que un aviso se vea en vez de perderse.
- Compruebe a qué volumen suenan los avisos. Suelen estar bastante por debajo del volumen de todo lo demás, que es justo al revés de lo que convendría.
Qué hace My World y qué no
Nuestra aplicación de Windows, My World, quita el escritorio confuso y deja una pantalla de mosaicos grandes y de alto contraste, uno para cada cosa que importa. Lee en voz alta el nombre de los botones, lo que ayuda cuando leer es la tarea más difícil de las dos, y pone las emisoras favoritas a un toque en lugar de enterradas en un navegador.
Lo que no hace es mejorar la audición de nadie, y no es en ningún sentido un audífono. Hace el ordenador más sencillo de manejar. Los ajustes de más arriba son los que hacen que se oiga mejor, y son gratuitos, nos compre usted algo algún día o no.
Cuándo hay que ir más allá de los ajustes
Trastear con un ordenador no sustituye a que alguien le revise los oídos, y conviene saber algunas cosas.
- Un tapón de cera es frecuente y se pasa por alto con facilidad. Merece la pena descartarlo antes de suponer otra cosa: es una pregunta para el médico de cabecera.
- Una prueba de audición es sencilla de conseguir. El otorrino es la persona adecuada para una exploración como es debido y para los audífonos.
- Un cambio repentino es otra cosa. Una audición que cae deprisa, sobre todo en un oído, hay que mirarla sin demora en vez de esperar a ver.
- FIAPAS (fiapas.es) — la Confederación Española de Familias de Personas Sordas; información y orientación para las familias, con una red de asociaciones por toda España.
- El audioprotesista — la persona adecuada para adaptar, ajustar y mantener los audífonos en marcha, lo que resuelve más «no oye» que cualquier ajuste.
Lo que de verdad cambia las cosas
Casi todo esto es pequeño: un altavoz adelantado, un interruptor, unos subtítulos activados, una radio apagada. Nada espectacular, y nada que haya que presentar como una Gran Conversación sobre el oído, que suele ser justo la parte que se preferiría evitar.
Lo que se recupera es lo corriente. Una llamada a media tarde que no hay que aguantar. Un programa seguido hasta el final. La radio mientras se hace el café. Eso vale una tarde de ajustes.
Si la pantalla se ha vuelto tan difícil de leer como de oír, hacer que la pantalla se vea mejor cubre la otra mitad, y las dos cosas suelen llegar juntas.